domingo, 8 de noviembre de 2009

Y seguimos con Río de las congojas


Éste es un interesante artículo que relaciona la temática de la novela con el desarrollo de la figura de Eva Perón

Los tiempos de Eva Perón por Nora Domínguez

UBA

En 1981 se publica en Buenos Aires, Río de las congojas de Libertad Demitrópulos. La novela pasa libremente los límites de la censura ya que su autora se había ocupado de trabajar toda alusión al presente con los procedimientos de la novela histórica y se había esmerado en la factura de criaturas bien literarias. El texto, leído sobre todo después del 83, ofrecía indicios donde situar puentes de sentidos: un epígrafe de Yannis Ritsos que apuntaba a la necesidad simbólico-cultural de que los familiares entierren a sus muertos, una trama ficcional que seguía a un personaje femenino, autónomo e independiente, para tratar de encontrar una razón para su muerte, darle sepultura y evitar la desaparición de su cadáver. Estas lecturas descubrían los diálogos posibles entre la historia política de censura y represión y los aires de un discurso feminista que se estaba haciendo lugar con más fuerza por esos años y que iba asegurándose un espacio en los modos de escritura y en las formas de leer.

En esta novela de base histórica, Demitrópulos a través de las voces de huérfanos, marginales y bastardos, situadas en los cuerpos de mestizos, negros, soldados y mujeres, conjugaba las historias y los sentidos que aludían a otros hijos desaparecidos, otras confrontaciones violentas con el poder, a otras mujeres en situación de lucha y resistencia. El personaje de María Muratore, trazado con todas las marcas de la excepcionalidad (la de la historia de amor con el representante del poder, la del viaje iniciático a la ciudad, la del despertar de la conciencia social, la del cuerpo mutilado y oculto) deviene en el texto, una vez, que se realiza el rito simbólico del entierro, en madre putativa, que trasciende y se inmortaliza por la reproducción de un relato, es decir, por la construcción de un mito. Los descendientes de la pareja central de marginales que funcionan como sus pares y familiares adoptivos, van detrás de una“madre mitológica”, de una “vagante mítica” cuya voz puede escucharse desde las orillas del río. Alrededor del personaje de María el texto traza las marcas de pertenencia a una comunidad. El armado de su historia de vida es la base ficcional sobre la que se conforma el mito. Hacia el final la novela dispone situaciones para la transmisión de ese relato, escenas donde hijos y descendientes parecen compartir la necesidad de esos intercambios para que la historia, en tanto historia de un grupo y una comunidad, continúe.

Río de las congojas aludía de manera indirecta a tres de las marcas más fuertes de la biografía de Eva Perón y de su construcción simbólico-cultural: su origen ilegítimo, su fuerte compromiso con la lucha política y social y su transformación en mito. Los relatos de bastardía y, el de Eva Perón es el más representativo de la historia nacional, tienen como preocupación central las resoluciones imaginarias que se entablan entre legitimación y deslegitimación social. Autoexcluido del mundo, el yo se construye su propio libreto de autoinclusión como amenaza o como desafío. 2 La biografía de Eva Perón responde exactamente a esta matriz. La novela no se detiene particularmente en la historia de la ilegitimidad (aunque no la evade) para instalar allí la vehemencia de una explicación original y fundante. Su tratamiento de la bastardía se generaliza emplazándose en una serie de voces narrativas que nacen en esferas de marginalidad absoluta. Esta marca se vuelve la apuesta y la perspectiva más fuerte de la novela porque es la condición dada y casi ineludible de ese orden de cosas. Así como Eva Perón logra torcer su relato de ilegitimidad, construirse un segundo nacimiento, usar la deslegitimación como un impulso de relegitimación social y personal, los personajes de la novela: Blas, Isabel Descalzo y sus descendientes si bien no salen de un orden de pobreza y exclusión son los que forjan relatos no oficiales, difunden y sostienen el mito.3 Es decir, son actores de un tiempo que se sabe retiene una notable fuerza histórica. Las fábulas que se van derivando del mito diseminan los relatos de otros hijos muertos y desaparecidos en el río, figuras fantasmales que siguen la obstinada búsqueda de “la finadita”, familias que ofrecen la vida de los hijos como tributo a los poderes del estado. 4 Por eso si bien el texto alude de distintas maneras a los orígenes, se encarga sobre todo de acentuar las derivaciones y consecuencias, es decir, el curso que tomaba una historia que “ya se contaba sola” (164) El texto sigue, refiriéndose a Isabel Descalzo : “Ella no hacía sino embrollarla, confundiendo los hechos o los nombres, mezclando sucesos reales con los de su fantasía. Cada vez era más costoso precisar el antes (que era la venida a Santa Fe) y los despueses, que comenzaron cuando los habitantes dieron en hablar de irse a poblar otro sitio distante ...” (164). Si el relato de origen del bastardo está preso de la disyunción social y cultural, en esta cita no puede sino leerse esa reverberación siempre desviada que realiza el mito, su funcionamiento, su dispersión y eficacia, que constituye la elección decisiva de la novela. Se trata de un impulso doble lanzado al pasado y al futuro a través de esos lazos entre generaciones que logra anudar la muerta.

Como su personaje, traspasado por diferentes temporalidades ya que “La finadita vivió cuando empezaba el antes y murió en medio de los despueses” (162), Río de las congojas, publicada es decir durante el momento de la persecusión y asesinato de militantes políticos y ciudadanos en general pero también durante la derrota del proyecto montonero que había revitalizado a la Eva revolucionaria y excepcional, se decide por la construcción de un tiempo heroico y mítico que funde el antes y el después. El texto, en tiempos de clausura histórica, cercano a los hechos que hacía objeto de transfiguración ficcional, produce una vuelta melancólica, un deseo político tan próximo a los efectos de sentido que perseguía la consigna “Evita hay una sola” como a la constelación que éstos arman con los provenientes del “Volveré y serémillones”. El texto lee la época de la conquista en clave peronista y al peronismo desde la tragedia que implicó el accionar del terrorismo de estado.